Jugando sucio con el huevo vibrador

Claudia y Xandra conociéndose

Claudia ha sido mi mejor amiga desde que nos conocimos cuando íbamos juntas al colegio hace ya unos cuantos años. Nuestra amistad ha sido tan íntima que casi se puede decir que crecimos como hermanas.

Juntas descubrimos la masturbación por primera vez y a ella es la primera chica a la que besé de verdad, es decir, besar de manera intensa y apasionada como nunca antes había hecho. Claudia y yo hicimos juntas nuestro primer trío a la edad de 19 años junto a un chico al que ambas conocíamos desde hacía tiempo. Estoy segura de que nosotras dos disfrutamos de la experiencia incluso más que él. Con el tiempo, Claudia y yo nos contábamos todas nuestras aventuras y experiencias sexuales e incluso comenzamos a ponernos pequeños retos a superar, a ver quien de las dos era capaz de llegar más lejos.

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Un día, Claudia se presentó en mi casa de manera inesperada con un discreto paquete que según me dijo acababa de recibirlo en su correo esa misma mañana.

– Hola Xandra, apuesto a que no adivinas qué contiene este paquete. Me preguntó Claudia mientras le servía una taza de té.

– Intuyo que algo relacionado con el sexo ¿he acertado? respondí tratando de adivinarlo.

– ¿Cómo lo sabes? preguntó Claudia sorprendida. – Es imposible que el paquete te haya dado ninguna pista. No lleva ninguna marca que lo identifique.

– La pista me la ha dado el gesto lascivo que tenías cuando me lo has preguntado.

– Olvidé poner la cara de póker ja, ja. Mira, quiero que lo abramos juntas, es un huevo vibrador.

– ¿Qué es un huevo vibrador? pregunté intrigada.

– Es un vibrador que se coloca en el interior de la vagina y mediante un mando a distancia se activa y desactiva la vibración e intensidad a voluntad. Éste en concreto que acabo de recibir utiliza un mando a distancia inalámbrico. Quiero que tú, querida Xandra te coloques el huevo vibrador en tu interior, y yo llevaré el mando a distancia mientras salimos cenar. Invito yo.

– ¿Cómo? de ninugna manera. Respondí. Conociendo a Claudia, no estaba dispuesta a exponerme en público a sus perversiones.

– Venga, será divertido. Además, luego te dejaré que te cobres tu venganza haciéndome llevar el huevo vibrador a mí.

Ilustración perteneciente al cómic erótico El Clic de Milo Manara
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Claudia no tardó mucho en convencerme. Aun a pesar de mi inicial negativa, sabía que en el fondo estaba deseando probarlo juntas y añadir una nueva experiencia a nuestra excitante vida sexual. Así que tomé el pequeño huevo vibrador entre mis manos, lo examiné con curiosidad y seguidamente, como quien se bebe de un trago un chupito de absenta, introduje el artefacto en mi interior sin imaginar de que manera podía terminar todo aquello.

Antes de salir, una inesperada ráfaga de electrizante vibración recorrió mis piernas. Claudia estaba impaciente por divertirse activando y desactivando el huevo vibrador a intervalos de segundos de duración que, sin embargo, fueron suficientes para humedecerme por completo casi hasta el punto de correrme si no le llego a pedir que se detuviera.

Fuimos juntas hasta El Jardin de las Espérides, nuestro buffet libre favorito de la zona. Claudia había prometido no conectar el huevo hasta estar dentro del restaurante. Promesa que rompió unos pocos metros antes de llegar y que me obligó desesperadamente a fingir normalidad en mitad de la concurrida avenida mientras mis piernas no paraban de temblar ante el inminente orgasmo que sentía avanzar hacia mi como una bestia descontrolada. La vibración se detuvo. Claudia era una auténtica maestra controlando los tiempos.

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Una vez dentro, continuó jugando con el interruptor del aparato encendiéndolo y apagándolo, especialmente cada vez que me acercaba al mostrador con la inocente intención de que el atractivo camarero, amablemente rellenara mi plato. Tarea que se complicaba debido a los continuos espasmos y temblores que sufría cada vez que Claudia conectaba el huevo vibrador.

Antes de que termináramos la cena, ya me había hecho disfrutar de tres intensos orgasmos y empezaba a dudar de si sería capaz de volver caminando sola hasta casa después de que Claudia terminase conmigo.

– ¡Para ya! grité al notar que de nuevo volvía a la carga. El camarero que en ese momento andaba cerca se sorprendió y Claudia, haciendo caso omiso a mis ruegos, me llevó hasta el orgasmo por enésima vez.

– Esta te la pienso devolver sin compasión, prepárate. Le dije a mi amiga mientras mis pezones se ponían como el mármol.

– Estoy segura de que lo harás. Pero será otro día, aun tenemos que irnos de copas tal y como habíamos acordado antes de salir; y pienso hacer que te corras cada vez que un chico se acerque a ligar contigo.

Cuando finalmente pude volver a casa a altas horas de la noche, me sentía completamente cachonda. Por eso tuve la previsión de traerme conmigo a Claudia y a ese chico tan guapo que habíamos conocido esa misma noche y al que íbamos a devorar juntas sin piedad como tanto nos gustaba hacer.

Gran día y mejor noche. Yo sin embargo estaba deseando salir con Claudia de nuevo e intercambiar papeles. La próxima vez seria ella la que descubriría la futilidad de sus intentos de disimular los poderosos orgasmos que nuestro nuevo compañero el huevo vibrador era capaz de regalar.

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